Viejas estructuras, nuevos horizontes

Una cabaña abandonada se convierte en umbral.
No es un contenedor neutro.
Es una estructura viva: madera atravesada por el tiempo, marcas de humedad, viento, sol. Un cuerpo arquitectónico que guarda huellas de uso, de clima, de vida.
Este proyecto no llega a “ocupar” el espacio.
Llega a escucharlo.
Viejas estructuras, nuevos horizontes propone una experiencia site-specific donde tres prácticas dialogan con la materia existente, la luz natural y la memoria del territorio.
Fons trabaja con la luz como material vivo. Aquí no ilumina: revela.
La luz que se filtra por grietas y orificios no corrige la ruina, la activa. Cada haz dibuja el aire, vuelve visible el polvo, el tiempo, la respiración del lugar.
Jose introduce estructuras de bambú que no imponen forma, sino que crecen en relación con el entorno. Sus gestos no reemplazan la arquitectura existente: la acompañan, la continúan, como si la cabaña aún estuviera aprendiendo a sostenerse.
Tami trabaja con fibras naturales, tejiendo membranas que filtran, suavizan y traducen la luz. Sus textiles no separan interior y exterior: los vuelven permeables. El tejido aparece como acto ancestral de abrigo, vínculo y transmisión.
Aquí, la obra no se presenta como objeto autónomo. Se configura como ecosistema perceptivo.
Durante décadas, el arte se pensó desde la distancia: un cuerpo frente a una pieza.
Este proyecto desplaza esa lógica.
El visitante no observa una escena: entra en una relación entre luz, materia, aire y tiempo.
La cabaña abandonada no es escenografía. Es memoria material.
Habla de modos de habitar que no buscaban dominar el entorno sino coexistir con él. En sus grietas no hay solo deterioro: hay porosidad, hay paso de la luz, hay posibilidad.
El territorio también habla. Antes de límites y propiedades, hubo formas de vida donde crear no estaba separado de vivir. Las prácticas aquí reunidas resuenan con esa dimensión: construir, tejer, dejar pasar la luz son gestos que pertenecen tanto al arte como a la supervivencia humana.
En este sentido, la experiencia no propone nostalgia, sino reorientación.
¿Cómo habitamos hoy?
¿Cómo nos relacionamos con la materia, con la naturaleza, con el tiempo?





