Buenos Aires / Eugenio Dittborn. Historias del rostro

El Museo Nacional de Bellas Artes inaugura el jueves 19 de marzo, a las 19, “Eugenio Dittborn. Historias del rostro”, la primera muestra individual en la Argentina del destacado referente del arte contemporáneo latinoamericano, con la curaduría de Justo Pastor Mellado y la colaboración del Centro Cultural Matta de la Embajada de Chile en el país.
Al idear esta muestra de Dittborn (Santiago de Chile, 1943), “el gran desafío de Mellado ha sido presentar, o representar, a partir de un pequeño conjunto de obras y documentos históricos, la potencia conceptual del universo creativo del artista”, explica el director del Bellas Artes, Andrés Duprat. “Para eso ‒agrega‒, escogió una serie de dibujos de gran formato realizados en 2022, una gran pintura aeropostal de los años 90 y dos publicaciones por él producidas entre 1976 y 1979, que se convirtieron en acontecimientos de la historia editorial y visual chilena”.
A lo largo de su carrera, Dittborn ha desarrollado una obra que articula experimentación gráfica y visualidad crítica, presente en destacadas instituciones internacionales.
A inicios de la década de 1980, comenzó a trabajar en sus pinturas aeropostales, un formato creado por el artista que implica condiciones de circulación y de exhibición precisas. Compuesta de iconografías e inscripciones heterogéneas, cada pintura es doblada e introducida en un sobre, luego plegado, que se envía por correo a destinatarios de distintos países, donde se exhiben de manera temporal junto con su envoltura.
Según explica Mellado, en esta muestra hay solo dos piezas. Una de ellas es la pintura aeropostal ‘XXII Historia del rostro’, de 1998: veinte retratos impresos que condensan una pequeña enciclopedia de la representación del rostro. “En ella se encuentran dibujos infantiles, caricaturas, imágenes de personas con problemas de salud mental, retratos hablados, fichas señaléticas de delincuentes y fotografías de pobladores originarios provenientes de un álbum etnográfico. Trozos de entretela recogen una imagen cosida como un parche sobre una herida”, enumera el curador.
A esta producción de gran tamaño se suma “Todas las caras del rostro”, diez piezas en carboncillo creadas en 2022. “Dibujados sobre sudarios, estos rostros nos confrontan ‘cara a cara’, con sus cuencas vacías, mostrándonos con descaro sus dientes apretados, sus cráneos pelados o adornados con rizos, sus narices puntiagudas dispuestas sobre patrones de damero vistos en escorzo, combinando tramas que delatan la textura de la tela”, agrega Mellado.
“Con esta selección ‒sintetiza Duprat‒, Mellado logra reactualizar la escena de origen del artista, y subraya la persistencia de la línea como principio organizador de su práctica. Esta operación permite comprender la continuidad y vigencia de un proyecto estético que, desde distintas materialidades y momentos históricos, mantiene una reflexión sostenida sobre la imagen, la circulación y la memoria.
La muestra “Eugenio Dittborn. Historias del rostro” podrá visitarse hasta el 31 de mayo en la sala 33 del primer piso del Museo, de martes a viernes, de 11 a 19.30 (último ingreso), y los sábados y domingos, de 10 a 19.30.
Sobre Eugenio Dittborn
(Santiago de Chile, 1943)
Los primeros vínculos formales de Eugenio Dittborn con las artes visuales se establecieron durante su asistencia como alumno libre a las cátedras de dibujo y pintura de José Balmes y al taller de grabado de Eduardo Martínez Bonati, ambos impartidos en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile. Allí, Dittborn se concentró en la pintura de naturaleza muerta, e igualmente consideró la mancha y el informalismo pictórico.
En 1965, obtuvo una beca para radicarse en Madrid, donde practicó serigrafía en un taller. Al año siguiente, se trasladó a Berlín para estudiar en la Escuela de Bellas Artes de esa ciudad e incursionar en la litografía.
Retornó a Chile en 1971, y realizó labores gráficas ligadas a la prensa obrera hasta la irrupción del golpe de Estado en 1973. En estos años inmediatamente posteriores a su regreso, llevó a cabo rigurosos trabajos de dibujo en tinta. En 1976, presentó en Santiago la muestra “delachilenapintura, historia”, y en ese contexto conoció al poeta y crítico Ronald Kay y a la artista visual Catalina Parra, con quienes entabló una fértil relación de amistad y trabajo, que se vio materializada en el sello editorial V.I.S.U.A.L.
Esta experiencia marcó el comienzo de una nueva etapa en el desarrollo de su obra, caracterizada por un fuerte predominio de la producción editorial y una alta experimentalidad gráfica. Una vez diluido el grupo, Dittborn decidió incursionar en el videoarte, el arte correo e, incluso, las acciones performáticas.
Uno de los momentos que marcaron el cierre de ese período de ensayos e incursiones fue el envío que realizó a la V Bienal de Sídney, en 1984, para la cual produjo una obra de gran formato -de materialidad rígida, pesada, y, por lo tanto, de complejo traslado—, titulada “Un día entero de mi vida”. Punto de inflexión en el desarrollo de su práctica, este trabajo significó un estímulo trascendental para la invención de las pinturas aeropostales, de características diametralmente opuestas y con las que alcanzó reconocimiento internacional.
Las obras de Dittborn integran las colecciones del Museo de Arte Moderno de Nueva York, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid y la Tate Modern de Londres, entre otras instituciones. En 2005, obtuvo el Premio Nacional de Artes Plásticas, una de las distinciones más importantes del campo artístico chileno.




